Posteado por: Comunidad Politica | 18 diciembre, 2009

“La Guerra o la Paz” por Pablo A. Blanco

Las palabras pronunciadas hace unos días por el presidente de los EE.UU. Barack Obama al recibir el premio Nobel de la Paz trajeron por un momento a mi mente a la figura de Mahatma Gandhi. Y a partir de allí surgió una reflexión – espero interesante – que quiero compartirles desde la interpretación del título de la obra de León Tolstoi, “La Guerra y la Paz”.
Partiendo de repasar el discurso poco feliz – aunque evidentemente sincero – del presidente Obama al recibir su Nobel, donde afirma que “la guerra sí que tiene un papel que desempeñar en la preservación de la paz”, “en ocasiones está justificado el uso de la fuerza”; aún más “se debe actuar contra los estados que rompen las reglas”, quiero que analicemos juntos algunas consecuencias que se suceden de esa estructura de pensamiento y de discurso.
Según Obama expresa, la “Guerra y la Paz” son dos caras de una misma moneda. La Paz puede ser un fruto de la Guerra, y la Guerra es una garantía para la Paz. Parafraseando al general prusiano Von Clausewitz que afirmaba que “la Guerra es la continuación de la Política por otros medios”, bien podríamos decir que bajo esta visión “la Paz podría ser la continuación de la Guerra por otros medios” – y acaso ¿estaríamos muy lejos de la realidad si pensamos que eso fue precisamente la guerra fría? – o por último simplemente afirmar que “el
camino para la Paz puede ser la Guerra”. Suena atroz y no menos contradictorio, lo cierto es que éste ha sido el pensamiento dominante.
Pero frente a esta visión se levanta por oposición la figura, pensamiento y testimonio del líder hindú Mahatma Gandhi, para el cual claramente la “Guerra y la Paz” no son dos caras de una misma moneda: son dos monedas distintas. Para él se trata de la “Guerra o la Paz”, no es la una para la otra, simplemente y a cecas: es una o es
otra; dirá irónicamente Gandhi “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.
Afirmará también concluyentemente que “no hay camino para la Paz, la Paz es el camino”, porque según su criterio la recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total “es una victoria completa”, sentenciaba.
La “revolución” pacífica que propugnaba Gandhi triunfó y por eso la India logró su independencia. Lo remarco porque muchos partidarios del “realismo” político hubiesen tenido hoy argumentos para tildar a Gandhi y sus ideas como irreales e impracticables. Cabría en ese caso recordarles que semanas atrás supimos conmemorar la caída del muro de Berlín, otra “revolución” pacífica que le extendió certificado de defunción a todo un bloque político, económico y militar.
Y en lo que refiere a la Argentina, podríamos mencionar entre las “revoluciones” pacíficas más significativas, la conquista del voto universal representada en la llegada al poder en 1916 del líder radical Hipólito Yrigoyen que puso fin a una democracia restringida e ilegítima, y el 17 de Octubre de 1945 que encumbró definitvamente a Juan Domingo Perón como líder de un nuevo movimiento político, económico y social, poniendo fin a una década de fraude y postergación para una inmensa mayoría de argentinos.
Como bien decía Gandhi, una Paz duradera nunca puede ser el resultado de la guerra porque “lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia, y los medios violentos sólo nos darán una libertad violenta”, para él la vida es un todo indivisible por eso la Paz es medio y es fin, es camino yd estino. “Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria.” nos dirá.
Cuando Obama afirma “se debe actuar contra los estados que rompen las reglas”, recordaba también aquello que señalaba Gandhi “la violencia es el miedo a los ideales de los demás”, y pensaba entonces ¿a quién o a qué le tiene miedo EE.UU.? ¿qué es “romper las reglas”? ¿quién fija “las reglas”? ¿acaso estas reglas hacen mejor nuestro mundo? ¿si no lo hacen mejor – resultados a la vista – por qué no cambiarlas entonces? ¿qué privilegios encubren?
Claro, no se trata aquí de un alegato contra los EE.UU., de justificar posturas extremistas, de abogar por la anarquía, simplemente los alcances de un discurso y de otro, reflejan no sólo una visión diferente del mundo sino notables y disímiles consecuencias; y pienso que este estado de cosas – producto de una visión del mundo – puede y debe ser urgentemente repensado desde una perspectiva distinta, nueva.
“La tarea que enfrentamos los devotos de la no violencia es muy difícil, pero ninguna dificultad puede abatir a los hombres que tienen fe en su misión”, dijo Gandhi.
El día que no exista más el premio Nobel de la Paz, seguramente la Paz habrá triunfado definitivamente. Me alegra pensar que estemos trabajando para ese día.

Nota: La palabra “revolución” está entre comillas porque la uso desprovista del sentido peyorativo que normalmente se le atribuye más cercano a la revuelta violenta o estado de insurgencia armada contraria a un régimen establecido. Desde mi punto de vista es simplemente el cambio o transformación social profundo, que
expresa un punto de ruptura o discontinuidad evidente con el estado de cosas o visión del mundo dominante, estatuido o comúnmente aceptado.

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