Posteado por: Comunidad Politica | 29 marzo, 2010

“Tiempo de Bicentenario” por Jorge Benedetti

2010 – 2016: TIEMPO DE BICENTENARIO

El recuerdo de un hecho o tiempo destacable para una comunidad, en particular en períodos determinados (por ejemplo 100 años), da origen a la conmemoración de “jubileos”, “homenajes”, “celebraciones”, que pueden incluir actos apoteóticos o evocativos, tiempos de reflexión y/o compromisos juramentados.

Desde el cumpleaños N° 100 de la abuela o un aniversario, para una familia, la fundación de una empresa, hasta el primer gobierno propio para una nación (25/V/1810), la irrupción de un nuevo mundo para un
continente (12/X/1492) o el 2000 aniversario del nacimiento de Jesucristo para toda la humanidad, dan origen a fastos y recuerdos.

Se evocan los orígenes, valentía, sacrificios o doctrina de personas, hechos o circunstancias, generándose además un compromiso con la lucha y/o el ideario de lo recordado.

En nuestro caso, en el período 2010/16 evocamos dos hechos centrales
en la organización jurídica de la Nación Argentina, es el “tiempo del
bicentenario”, el que además aproximadamente coincide con los de los
pueblos hermanos del continente.

Así desde el gobierno nacional, la Iglesia Católica, instituciones de la
cultura, organizaciones continentales e inclusive ámbitos del
pensamiento político y social (que resistieron y se sobrepusieron a la
dictadura del relativismo y del pensamiento único), se llama a los
hombres del continente a un tiempo de evocación, reflexión y también
de reasunción del compromiso con el ideario y sueños de los
fundadores.

¿Cuáles eran los ideales de los hombres de la independencia?

Sin dudas los valores de libertad, independencia, igualdad y justicia, resumen el núcleo del ideario y son conceptos conocidos y destacados (aunque muchas veces no efectivamente defendidos), pero hay un
elemento basal que constituye el reaseguro de los mencionados: la unidad continental, que por ignorancia casual o maliciosa, pasa casi inadvertida.

América del Sur tiene cuatro vertientes constitutivas en su población: la nativa, la hispánica, la portuguesa, además de la inmigración.
El mundo luso-mestizo constituyó un sólo país, mientras que el hispano-mestizo, que tiene en su conjunto recursos, población y extensión similares, se dividió en nueve. De estos, Argentina con un poder económico, de desarrollo científico, tecnológico, etc., equivalente a los cuatro que le siguen en importancia (Colombia, Venezuela, Chile y Perú) y por último hay otros cuatro (Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay) cuyo poder es similar al menor de los “medianos”, que es el Perú.

Un poquito de historia:
¿Era ésta la idea y voluntad de los libertadores? Por el contrario, la construcción de una nación latinoamericana unida fue su anhelo y la voluntad, claramente manifestada, desde el inicio de la independencia.
Ya en la Primera Junta Mariano Moreno lo expresa en su trabajo de planificación revolucionaria (el “Plan de Operaciones”), formulando dos ejes a desarrollar: extender la revolución a toda América, concretado en las expediciones al norte y el desarrollo de un enfrentamiento con la política británica y del imperio de Brasil y al mismo tiempo extender a lo interno las ideas de Mayo para “hacer participar a los pueblos de ésta nuestra conquista de la libertad”.

Destaquemos que a instancias de San Martín y de otros revolucionarios, el Congreso de Tucumán declara “la independencia de las Provincias Unidas de América del Sud” y no de las “Provincias del Río de la Plata”.

San Martín manifiesta claramente su voluntad de unidad continental diciéndoles a los peruanos: Queremos la independencia del Perú como hemos querido la de Chile, para que Chile y Perú se unan con las Provincias Unidas del Río de la Plata, para formar una sola Confederación hasta Lima.

No podemos olvidar que el Congreso de La Florida, reunión de los orientales, convocada por José G. de Artigas, manifiesta que “Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre en el Territorio de Sudamérica, por ser la libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen…”.

San Martín, abandonado y traicionado por Rivadavia, pone a sus hombres bajo el mando de Simón Bolívar, quien encomienda a Antonio Sucre terminar la liberación del Alto Perú. Este completa las acciones en el actual territorio boliviano y lo pone a disposición del gobierno de Bs. As., recibiendo la negativa de Rivadavia de reincorporar las provincias alto-peruanas al territorio nacional. Bolívar que no entiende semejante decisión, realiza un último esfuerzo llamando al Congreso de Unidad de Panamá (1826), a los efectos de concretar una Confederación que representase a toda América, garantizando la libertad e independencia de sus Estados.

Rivadavia sabotea su obra e imposibilita esta acción de unidad.
Así San Martín concluye sus días en Europa sin volver a pisar el territorio patrio y Bolívar termina en Santa Marta, enfermo, afirmando “hemos perdido todo menos la Independencia”.

Artigas, cuando el Gobierno Oriental envía una delegación al Paraguay solicitándole que regrese, contesta: “Yo ya no tengo Patria”. Y dice esto porque su Patria eran las Provincias Unidas, por esto había luchado, por esto había fundado el Partido Federal de las Provincias Unidas.

La acción de “las oligarquías urbanas” al decir de A. Methol Ferre, como instrumento de la política británica, impidió la concreción del anhelo de los libertadores (esto merece un análisis especial).
El “continentalismo” en el camino del “universalismo” y la geopolítica (y la simple observación del planisferio) nos muestra que para poder constituirse en potencia mundial e incidir en las decisiones, preservando el bienestar y la independencia de nuestros pueblos, hay que desarrollar un modelo de Estado con determinadas características: continental, bioceánico e industrializado.

EEUU, Europa, Rusia, China, India, son ejemplo de esto.

El ideario de los libertadores, sistemáticamente saboteado, nunca fue olvidado. José Rodó (uruguayo), Manuel Ugarte (argentino), Víctor Haya de la Torre (peruano), los radicales de FORJA (Scalabrini, Jauretche, etc,) son sólo ejemplos de muchos actores en este sentido en el siglo pasado.

Pero su más alta expresión fue el intento del ABC (Argentina, Brasil y Chile), desarrollado por los presidentes Perón, Vargas e Ibáñez.
El destacado intelectual uruguayo Guzmán Carriquiry (Ministro Vaticano del Consejo para los Laicos) resalta el recordado concepto del Gral. Perón en el sentido de que “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados” afirmando que esto expresa con clarividencia el camino y la opción fundamental de los latinoamericanos.

Pero fue un hecho providencial el que permitió avanzar decididamente en la unidad continental (“fue una distracción” indicó Madeleine Albrigh, Secretaria de Estado de Clinton, al ser interpelada en el Senado). Mientras el mundo observaba el estallido y la disolución de la Unión Soviética y el Pacto del Varsovia, silenciosamente Raúl Alfonsín
y José Sarney sentaron las bases para constituir el Mercosur.

Este acuerdo -si bien limitado por su exagerado carácter económico- constituye el eje central (único diríamos) de la unidad continental.
Una simple observación del mapa americano permite destacar dos obstáculos físicos: los Andes y la Amazonía, mostrando que hay pocas fronteras vivas tan ricas como la Cuenca del Plata (llamamos “fronteras
vivas” a aquellas donde hay habitual contacto de lenguas, costumbres y culturas), dado que la otra posible está en una zona de conflictos (Colombia, Venezuela y Ecuador). Además esta cuenca es el único punto fluido de encuentro entre hispano mestizos y luso mestizos (este aspecto también merece otro análisis especial).

En estos tiempos de confusión y aparente oscuridad del horizonte político, podemos observar que los pueblos avanzan decididamente hacia la unidad continental. Poco importa si los actores nos gustan o no, lo importante es el sentido de la dirección en que se mueve la historia de la cual sólo somos jinetes y no directores.

Nos encaminamos hacia un futuro mejor, los ideales formulados por los libertadores: libertad, independencia, igualdad y justicia, están más vivos que nunca y el convencimiento de que sólo serán posibles en la
hermandad y la lucha por el bien común, realizada junto a todos los pueblos del continente, es hoy una realidad.

Este proceso debe superar el mero económicismo. Tenemos que pensar en una unidad social, política y cultural, reconocer nuestro pasado común como medio de construir un futuro común y fundamentalmente –sin ninguna soberbia, pero sin ninguna minusvalía- reafirmar nuestros valores y costumbres. En ese sentido destaco aquella frase de Octavio Paz cuando afirma refiriéndose a México, que “Nuestra Señora de
Guadalupe ha sido mucho más anti-imperialista que todos los discursos de los políticos del país”.

Es decir, sostener nuestra cultura, costumbres y valores son el eje basal de nuestro futuro en este Tiempo de Bicentenario 2010/16 – ¡Viva la Patria Grande Latinoamericana!

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