Posteado por: Comunidad Politica | 8 abril, 2010

“La tierra se ha movido para que miráramos Haiti” por Margarita Moll

Introducción                                                                                    

El escrito, no debe ser leído como una reseña periodística, no es historia, ni mucho menos un análisis desde una perspectiva específica única. Es una expresión que refleja el sentir de cualquier ciudadano dominicano, un pueblo que extrañamente comparte con otro el pequeño territorio de una isla:  Quisqueya.

Intentamos colocar en contexto histórico geográfico, el hecho de que el fenómeno era esperado en la isla, mas no del lado haitiano. Además de mencionar por lo menos un título que describa el tipo de relaciones binacionales. Por ello importa mucho, reflejar un sentir, que sin esconder un sentimiento, transmite un dejo de defensa ante la imagen negativa que unos se han dedicado a proyectar, como reacción a un vacío que reclama de ellos una acción o respuesta. De quienes su actitud, sin embargo oculta el desdén de aquel que “pasa la culpa al más cercano”.  Actitud que no sorprende, porque habitual en otros escenarios histórico- geográficos. Y ante la actual situación que vive el pueblo haitiano, la postura es otra vez la misma, desde un espacio de acceso a la opinión pública internacional, se manipula la información y se tergiversan imágenes de un pueblo para provocar actitudes y prejuicios, según intereses propios. 

Por ello este escrito expresa lo que República Domincana (RD) el pueblo vecino de Haití, está viviendo junto a ellos, y no se transmite en los medios de comunicación de alcance internacional. Esto es muy simple de saber para cualquier dominicano, no es necesario un análisis de un experto. Baste con encender un televisor en RD y mirar las noticias internacionales y ver como se acreditan acciones salvadoras, cuando cada dominicano que camina por las calles, sabe lo que están haciendo él y sus vecinos para apoyar al pueblo haitiano.

Una isla para dos

Para los que no conocen, como es posible una isla políticamente dividida en dos, cuando tuvimos una historia común hasta finales del siglo XVIII, en unas brevísimas líneas explico que luego de la migración forzada de africanos a la isla, y pocos años después de la Revolución Francesa, se sublevaron los negros de la condición de esclavitud, liberándose y movilizándose hacia  el lado occidental de la isla. Lo que más tarde conformó y hasta la actualidad constituye la nación haitiana. Por ello cuando nos queremos referir a las dos naciones: Republica Dominicana y República de Haití, nos valemos de los apelativos utilizados antes de ese momento histórico de ruptura, usamos Quisqueya: nombre dado por los indígenas a la isla; que a la llegada de los españoles, Colón nombró La Hispaniola.  

Las actuales relaciones entre ambos países se pueden analogar a las relaciones entre los argentinos y los chilenos, o los argentinos y bolivianos. Los conflictos entre ambas naciones no han faltado, sin embargo esto no ha sido un límite para que el pueblo dominicano y su gobierno en primera persona fuera quien tuviera la primicia en todas las ayudas humanitarias que ha recibido ese pueblo fuertemente golpeado por el sismo de 7 grados cuyos efectos han sido comparados con los daños causados con la bomba de Hiroshima.

Esperábamos el sismo:

Bajo la Hispaniola pasan más de 5 fallas tectónicas, se sabe que alrededor de cada 50 años, estas fallas tienen actividad de alta magnitud.  El anterior gran sismo sucedió a finales de los ‘40 en el lado del territorio dominicano, donde se esperaba que se repitiera. En la década del 2000 sucedieron  varios movimientos de menor intensidad, en ambos lados de la isla en momentos diferentes.

Vivencia de alguien desde el suelo dominicano:

Para mí, ciudadana dominicana que ha estado en Santo Domingo en el momento que sucedió y hasta finales de enero, ha sido una experiencia conmovedora. Ya que fué más que ver las noticias en los diarios y la tv, fue una vivencia.  Al lado de la exposición de la ruina, la muerte y los sobrevivientes, las labores de rescate, eran vistas de lejos a través de los medios, fue una vivencia personal palpar la avalancha de solidaridad y ayuda que se desató desde mi propio país y del resto del mundo que llegaba a  nuestros puertos marítimos y aéreos. No podíamos no escuchar las noticias 10 veces por día quizás más, para saber si habían rescatado sobrevivientes. De vez en cuando se escuchaban los ruidos de aviones que llegaban a un pequeño aeropuerto cerca de la capital, era sabido que todos los aeropuertos internacionales estaban abiertos a recibir las ayudas por vía aérea. El aeropuerto de Haití al tercer o cuarto día de lo ocurrido fue declarado por su gobierno, incompetente de recibir la ayuda ofrecida.    

Ir por la calles de Santo Domingo escuchando la radio todos nos enterábamos de cuales eran los centros de acopio, la misma estación de radio estaba a disposición, los colegios también pedían a las familias de sus alumnos que colaboraran con enlatados, agua y otros elementos indicados, que luego se entregaban a Caritas para ser enviados debidamente a las víctimas. Correos electrónicos iban y venían solicitando ciertos tipos de sangre, traductores, para los médicos, personas voluntarias para empacar las compras en kits entregables por familias. Personalmente me enteré, de médicos nuestros, solicitando privadamente apoyo emocional ya que nunca se había visto en tal emergencia, con tantos mutilados en tan breve tiempo.

También yo me involucré en una de estas convocatorias, una ong, para la cual trabajé se ocupó de comprar lo que conformó 6 furgones de artículos empacados en 6 mil kits con alimentos, artículos de higiene, envases para almacenar agua y lonas para cubrirse. Estos kits se armaron gracias a la disposición de un enorme salón parroquial y a la convocatoria aceptada de tal vez más de un centenar de personas que pasaron días enteros o bien las horas que podían, en grupos que se rotaban para empacar los productos, entre los cuales se veía un par de madres con sus pequeños que iban pegando sticker y pasando los artículos de poco peso, con tal de ayudar.  Mi propia hermana cargando su nena de 11 meses con un brazo y con el otro brazo ayudaba a poner elementos dentro de las bolsas con la ayuda de su otra hija de 10 años. La meta era empacar en 4 días, pero al 3er. día ya estaba todo listo, porque la generosidad y organización de las personas superó las expectativas.

Otras iniciativas eran en uno o más supermercados, donde facilitaban lugares para que los clientes compraban para ellos y para donar, ahí mismo quedaban, y luego voluntarios organizaban y garantizaban la entrega. En general todas las ayudas dominicanas se canalizaban a través de Caritas o la Cruz Roja.

Para la salud, se designaron más de 15 hospitales para recibir los sobrevivientes heridos o mutilados, que al ser dados de alta no tenían donde ir y, los hospitales necesitaban sus lugares para seguir recibiendo más victimas.  Me dio mucha alegría ver como la iglesia católica ofreció ayuda para alojarlos, acción también imitada por iglesias de otras denominaciones. Se abrieron casas de acogida, hubo quien acogía en su propia casa, muchos ayudaron como podían. Ricos o pobres: una mujer pobre madre de 6 hijos, estaba en periodo de lactancia se fue a un hospital a lactar bebés haitianos que no se sabia el paradero de su madre, y otra mujer directora de una aseguradora de salud privada, envió varios furgones habilitados como hospitales rodantes, los cuales sirvieron para la terapia intensiva, ya que la atención médica era brindada bajo carpas.

Finalmente a mi regreso a Buenos Aires vía Miami, viajaban en mi vuelo tal vez 20 o 30 haitianos, quizás más.  Mi compañera de asiento era una de ellos, que con pocas palabras de creole, y mi poco francés entendí  trataba de comunicar su desgracia, pero afortunadamente ellos veían abrirse otro horizonte ante sí. 

La tierra se ha movido para que miráramos Haiti!

Lo que muchos nos preguntamos es porque hasta ahora ninguna potencia se había ocupado de “echar una mano” a ese país, si se es bien sabido que es el más pobre del continente, ¿o será evidente que le han “echado otra mano”?. Sin dejar de mencionar que Haití recibe ayuda económica y técnica de muchos organismos internacionales. Pero estas ayudas no han dado (o no han querido dar) en el blanco – valga el juego de palabras – con las causas o raíces de su situación. 

¿Ud. también se preguntará por que este sismo ha causado tanto revuelo en todo el mundo? Y esto puede deberse más que al sismo, aunque si bien es cierto que los daños no se pueden minimizar, se trata de las condiciones de pobreza extrema de ese país, la situación política que vive, calificada por algunos como “estado fallido” dan razones de más para que las reacciones sean como han sido.

Además de los antecedentes recientes de los daños causados por otros fenómenos naturales como los huracanes, e inundaciones provocadas por el mismo tipo de fenómenos atmosféricos, el tipo de construcciones sumado a la aguda pobreza han colocado a ese país en condiciones de vulnerabilidad desproporcionados con cualquier apelativo.

De los innumerables comentarios provocados quiero repetir, (no citar por no conocer su autor): la tierra se ha movido para que miráramos Haiti!. Se hablan de más de 212 mil muertos hace más de una semana. Decenas de miles de mutilados, sin mencionar cifras de los huérfanos. Ahora, ¿qué pasa con los muertos silenciosos de años de opresión?

La realidad es que hoy está en la mira de todo el mundo, y su condición de victima atrae, porque le permite a “la potencia” asumir el rol de “salvadora”, de superhéroes… esos personajes como el superman de Smallville, del Hombre araña, Batman o cualquier otro personaje salvador, que simbolizan una postura asumida cuando alguien está en peligro evidente. El superhéroe no ofrece respuestas duraderas a las situaciones cotidianas.   De otro modo no había razón para “irrumpir” la soberanía de esa nación.  Era necesaria una razón para entrar: como escuché alguien decir, en momentos en que Kuwait había sido objeto de guerra entre EE.UU. e Irak, “si en Kuwait hubieran plátanos, los americanos no hubieran entrado a pelear”.

La difusión de las noticias de las ayudas que está recibiendo Haití, son también objeto de manipulación. Los desastres como las guerras son causa de toda una maquinaria que genera movilización de grandes recursos. No nos quedemos solo en la mirada simple de una ayuda como respuesta a toda esta tragedia, se mueven también los más variados intereses.  

Muchos abrigamos la esperanza de que debajo de estos escombros, de todo ese mar de dolor, destrucción y muerte, se levante por fin una Nación, no solamente en sus estructuras, y en su gobierno, sino en su dignidad.   

Nota:  La autora del presente artículo es ciudadana dominicana

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