Posteado por: Comunidad Politica | 7 julio, 2010

“Lo que nos dejó el Bicentenario” por Pablo A. Blanco

Los recientes festejos del Bicentenario han dejado en evidencia una interpretación casi únanime sobre los sucesos de Mayo, que constituye un lugar común al cual se apela frecuentemente para construir una narración de nuestra Historia.

Sin embargo, hay en esa administración de los olvidos y recuerdos una visión deformada de los sucesos de Mayo arraigada míticamente en nuestro imaginario, del cual surgen las siguientes afirmaciones:

  • El comienzo histórico de la Argentina acontece con la Revolución de Mayo.
  • Este es un hecho aislado circunscripto a la ciudad de Buenos Aires.
  • La revolución de Mayo es resultado de la elaboración ideológica de Criollos formados por la élite intelectual europea.

Convendría entonces analizar si esto es así.

La primer rebelión contra el poder español se registra en 1735 en el Paraguay y se la conoció como la “Insurrección de los comuneros”. El nombre de “comuneros” se debe al lema que estableció uno de sus líderes José de Antequera y Castro: “La voluntad del común es superior a la del propio rey”. Si bien los comuneros fueron derrotados constituyó el primer intento original de establecer la idea de una soberanía que no nacía del Rey.

Años más tarde, en 1776 obtendrían su independencia las colonias inglesas de Norteamérica, y si bien no profundizaré sobre ese proceso puesto que no formaban parte de los territorios bajo dominio español, muchos lo reconocen como inspiración de ulteriores movimientos revolucionarios.

En los últimos meses de 1780 habría de ocurrir la segunda revuelta de los Comuneros, esta vez en el Virreinato de Nueva Granada (actuales territorios de Ecuador, Colombia, Venezuela y Panamá). La cabeza del movimiento fue la ciudad de Socorro, en donde el 16 de marzo de 1781, Manuela Beltrán rompió un edicto referido a nuevas contribuciones, al grito de “muera el mal gobierno”.

La insurrección comunera fue sofocada, pero sus reivindicaciones de igualdad social, política y económica se equiparaban a las de la Revolución Francesa (ocho años posterior). Las proclamas comuneras no estaban lejos de Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que luego fueron proclamadas en Francia.

Casi paralelamente José Gabriel Condorcanqui Noguera mayormente conocido como Túpac Amaru II, lideraría la mayor rebelión indígena anticolonial que se dio en América durante el siglo XVIII. Fue el primero en pedir la libertad de toda América de cualquier dependencia, la eliminación de diversas formas de explotación indígena (mita minera, reparto de mercancías, obrajes) así como de los corregimientos, alcabalas y aduanas y además decretó la abolición de la esclavitud negra por primera vez en América (16 de noviembre de 1780).

En apenas veinte años en 1803 una pequeña isla cuya población era mayoritariamente negra y esclava decidiría también hacerse independiente, nada menos que enfrentando que al poderoso imperio Napoleónico. Jean Jacques Dessalines vencerá definitivamente a las tropas francesas en la batalla de Vertierres y en 1804 declara la independencia de Haití y la abolición de la esclavitud.

Entre 1806 y 1807 tienen lugar en Buenos Aires las invasiones inglesas que son sucesivamente rechazadas por la población criolla sin ningún tipo de asistencia española. Esto le permitirá tomar conciencia a los habitantes de Buenos Aires de las propias fortalezas, pero además será escenario de acción de muchos futuros líderes del proceso de Independencia y hombres de Mayo: el potosino Cornelio Saavedra a cargo del Regimiento Patricios (futuro Presidente de la Primera Junta), el comerciante español Martín de Álzaga, el criollo Juan Martin de Pueyrredon a cargo de los Húsares (futuro Director Supremo), el oriental José Gervasio Artigas (colaboró con Juan Martín de Pueyrredón y llegó a organizar por sí mismo una fuerza de 300 soldados que no llegaron a entrar en combate), el salteño Martín Miguel de Güemes (bajo el mando de Liniers y futuro defensor de la frontera Norte del Ejército Libertador), y Manuel Belgrano que sintetizó en una frase las consecuencias que estas invasiones tendrían a la postre: “Queremos al antiguo amo o a ninguno”.

El 25 de mayo de 1809 con la Revuelta de Chuquisaca (actual Bolivia), se detonaría una crisis política a causa de la crisis institucional en la metrópoli española y de las tensiones revolucionarias que venían madurando ya en las sociedades coloniales.

En un principio la revuelta de Chuquisaca no había sido independentista, sino que intentó sostener los derechos de Fernando VII en contra de los carlotistas (la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII y reina regente de Portugal en el Brasil, tenía ambiciones de asumir los títulos de su hermano en tierras americanas), pero un grupo de dirigentes buscaron aprovechar las circunstancias y buscar la independencia, entre ellos Bernardo de Monteagudo.

Desde Chuquisaca se enviaron emisarios a distintas ciudades, supuestamente para transmitir sus leales intenciones para con Fernando VII, pero encubiertamente fomentar los sentimientos independentistas entre los habitantes de otras ciudades.

Ante esta situación Baltasar Hidalgo de Cisneros, virrey del Río de la Plata envió fuerzas militares desde Buenos Aires para actuar sobre los sublevados de La Paz y de Charcas. Las tropas entraron pacíficamente en Chuquisaca el 24 de diciembre de 1809, y el movimiento pareció aplacado.

Paradójicamente un año despúes el 25 de mayo de 1810 la revolución estallaba en Buenos Aires donde estaba el propio Cisneros, por lo que es probable que las ideas hayan “viajado” desde Chuquisaca junto con las tropas. La revolución en Buenoas Aires desencadenaría una serie de sucesos que desembocaron en los procesos de independencia de America del Sur.

Si bien a partir de la Revolución de Mayo de 1810 comenzó a delinearse el proceso de vida independiente de la América que se encontraba bajo el dominio colonial español,  en ningún momento puede desconocerse que el pasado colonial formó parte de esa historia, es decir que hay una continuidad con ese pasado, una “sintonía americana” y antecedentes históricos suficientemente relevantes, sin los cuales no puede comprenserse la integralidad del proceso que desembocó en la Revolución de Mayo.

Aún más diría resulta interesante e imprescindible bucear en ese pasado para darnos cuenta el error mirar al año 1810 como un hecho aislado y particularmente “porteño”, en vez de verlo como un hito dentro de un proceso americano que continuó con la propagación de la revolución de Mayo al resto del continente .

Finalmente esto se une al último mito instalado según el cual la revolución fue pergueñada por Criollos formados por la élite intelectual europea. Esta aseveración, desconoce la importancia que tuvieron en la formación de los futuros líderes e ideólogos revolucionarios las universidades americanas. En especial, se destaca la Universidad de San Fancisco Javier de Chuquisaca (actual Bolivia). Esta Universidad se convirtió en una de las más famosas de América, y es imposible negar su gran relevancia e importancia en la historia sudamericana.

Sus claustros tuvieron un papel destacado en los hechos de la Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, y formaron a muchos de los patriotas que integraron los primeros gobiernos revolucionarios. Fue una verdadera escuela de dirigentes para la independencia, y la más importante institución de estudios jurídicos en todo el Río de la Plata y del Virreinato del Alto Perú de su tiempo.

Entre las mentes emancipadoras formadas en Chuquisaca que luego se distinguirían podemos mencionar a: Mariano Moreno, Juan José Castelli, Bernardo Monteagudo, José Ignacio Gorriti, José Mariano Serrano; Manuel Rodríguez de Quiroga, protagonista de la independencia del Ecuador; Mariano Alejo Álvarez, precursor de la revolución peruana y Jaime de Zudáñez, primer Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Uruguay.

Por lo visto, la historia no comenzó en 1810; la Revolución de Mayo no fue un hecho aislado sino que fue parte de un proceso; tampoco el fenómeno revolucionario fue exclusivamente porteño ni su inspiración europea: quienes lo llevaron adelante fueron formados en las entrañas mismas de la sociedad colonial donde el rol de las universidades americanas fue determinante para que la revolución se haya extendido tan rápidamente y en sintonía por todo el continente…

… el Bicentenario no pasó, recién comienza y toda América lo celebra!.

 

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