Posteado por: Comunidad Politica | 4 septiembre, 2010

04 de Septiembre – Eduardo Wilde

A la hora de estudiar el sanitarismo argentino surge de forma inexorable la figura del científico Eduardo Wilde.

Wilde nació en Tupiza, Bolivia, el 15 de junio de 1844. Llegó a la Argentina cuando aún era un niño, siguiendo a su padre, un coronel del ejército regular boliviano, que huía de su país por razones políticas.

La labor de Wilde fue fundamental y descollante dentro del campo de la medicina social. Fiel representante de la «Generación del 80», su tarea no se redujo a la salud. Fue además un destacado político, escritor -con una prosa fina e irónica-, profesor, catedrático, periodista, publicista, y fundamentalmente, un hombre de acción que supo servir como pocos a la Argentina. 

Luego de la Batalla de Caseros, en 1860, Wilde inició los estudios secundarios en el histórico Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Al año siguiente, expuso en el segundo curso de filosofía a cargo del profesor Alberto Larroque, un trabajo de examen titulado: Comparación entre la filosofía moderna y la antigua.

Concluido los estudios preparatorios, ingresó a la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Mientras tanto, enseñó matemáticas y física en la Escuela de Artes y Oficios, y actuó como practicante interno del Hospital General de Mujeres. Fue también encargado del Lazareto Interno de Coléricos, y se destacó en la lucha contra esa epidemia, en 1867, siendo aún estudiante de cuarto año.

Con una brillante tesis doctoral que fue premiada con medalla de oro por la Asociación Médica Bonaerense, y en la que se dejaban entrever sus aptitudes literarias, se graduó de médico en 1870.

Cirujano interno del Hospital Militar y Clínico del Hospital de Coléricos. Su lucha al servicio de los intereses sociales, lo llevó a dedicar todo su empeño en combatir serios brotes de cólera, motivo por el cual contrajo esta enfermedad.

Ese mismo año, Wilde fue designado médico de Sanidad del Puerto. En el puesto cumplió una excelente labor como médico de la parroquia Monserrat durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, padeciendo también esta enfermedad. Los sacrificios realizados por combatir estos males merecieron el reconocimiento unánime de la población.

Un día de 1870 los lectores de La Prensa pudieron ver este aviso: «Eduardo Wilde, Doctor en Medicina. Se ha dedicado mucho a la cirugía, ejercitándose en todas las operaciones que se practican durante su servicio en los dos grandes hospitales de esta ciudad. Las personas que deseen ocuparlo pueden dejar aviso en la calle Belgrano número 234».

También informaba Wilde que abrió un consultorio donde atendía consultas «gratis para los pobres por decisión mía y gratis para los que no son pobres, por decisión de ellos».

Poco después, durante la guerra con el Paraguay, ejerció funciones como cirujano del ejército. Se le encargó la preparación de un hospital y la organización de un cuerpo médico para atender los heridos que procedían del frente de batalla.

Vuelta la paz, Wilde fue nombrado profesor sustituto de anatomía en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, en 1873, y al año siguiente, miembro académico de la Facultad de Ciencias Físico-Naturales. En 1875, fue profesor de Medicina Legal y Toxicología en la Facultad de Ciencias Médicas, y en 1876, catedrático de Anatomía en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Por otra parte, estimuló la creación de escuelas primarias, normales y nacionales; proporcionó una ley orgánica en las Universidades de Córdoba y Buenos Aires; fundó el Instituto Pasteur, fue el impulsor de las obras de Puerto Madero y de otros puertos sobre el Paraná; y fue el creador del Departamento Nacional de Higiene.

Su actividad política comenzó como delegado en el Consejo Superior Universitario en 1876 y 1877, y como miembro de la Comisión encargada de proyectar un estatuto universitario.

Fue electo diputado a la legislatura de Buenos Aires, en 1874, desempeñándose hasta 1876, y reelegido hasta 1880. Afiliado al Partido Autonomista, llegó a ser vicepresidente de la Cámara.

Ocupó en 1882, bajo la primera presidencia del general Julio A. Roca, el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, desde donde propició la sanción de algunas leyes fundamentales, como la Nº 1420, de educación común, gratuita, obligatoria y laica; la Nº 1565 de Registro Civil, transformándose en su creador; la Nº 2393, de Matrimonio Civil; leyes de un carácter liberal que desataron enconados comentarios contra Wilde y que originaron memorables polémicas en el Congreso y en la prensa.

En la presidencia del doctor Miguel Juárez Celman desempeñó la cartera del Ministerio del Interior, en 1886, siendo sus preocupaciones dominantes la higiene pública y la cultura del país.

La conmoción política de 1890, lo decidió a embarcarse, en exilio voluntario, con destino al viejo continente. Por espacio de ocho años recorrió numerosos países de Europa, Egipto, China, Japón y Estados Unidos. El fruto de esta experiencia fue reunido en sus obras Viajes y observaciones y Por mares y por tierras, más de mil seiscientas páginas de valiosa información, donde recogió las costumbres de aquellos países.

Ocupó otras importantes funciones públicas: fue vocal de la Comisión Nacional de Escuelas; de la Comisión de Aguas Corrientes, Cloacas y Adoquinados; de la Comisión del Parque Tres de Febrero, y de la encargada de levantar los planos y presupuestos para el Hospital Militar. En 1898, se hizo cargo por segunda vez de la presidencia del Departamento Nacional de Higiene, que ya había desempeñado en 1880.

Vuelto al poder su partido con la segunda presidencia de Roca, se incorporó al servicio diplomático como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario para representar a nuestro país, sucesivamente ante los gobiernos de Estados Unidos y México, y después ante los de Bélgica, Holanda y España.

En 1901, fue delegado argentino en el Congreso Internacional Sanitario de La Habana, y en 1902, en el Congreso Internacional para mejora de los ciegos. También participó del Congreso Internacional de Bruselas para el estudio de las regiones polares; y en la Conferencia Telegráfica Internacional de Lisboa.

Falleció en Bélgica, en la ciudad de Bruselas, el 4 de septiembre de 1913 a los 69 años de edad, mientras ejercía su labor diplomática. El Poder Ejecutivo Nacional decretó honores póstumos, correspondientes a su alto cargo diplomático y a los demás servicios prestados al país. Su deceso fue un acontecimiento de trascendencia internacional.

En una biografía de Eduardo Wilde publicada en Bruselas en 1913, cuando era Ministro Delegado en Bélgica, se decía de él: «Buenos Aires le debe a su largo esfuerzo, estar dotada de un sistema higiénico que en poco tiempo ha reducido en la mitad la proporción de mortalidad».

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