Posteado por: Comunidad Politica | 18 enero, 2012

18 de Enero – Dr. Arturo U. Illia

Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, el 4 de Agosto de 1900, y murió en la ciudad de Córdoba el 18 de Enero de 1983. Fue presidente de la Nación desde el 12 de octubre de 1963 hasta el 29 de junio de 1966.

Era médico de pueblo, nacido en Pergamino, provincia de Buenos Aires, y radicado en Cruz del Eje, Córdoba, donde fue senador provincial y vicegobernador entre 1940 y 1943.

También había integrado el bloque de su partido entre 1948 y 1952, en tiempos de dura confrontación con el peronismo. Y en 1962, con la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) fue elegido gobernador de Córdoba pero no llegó a asumir debido a la crisis política que vivía el país.

Luego aceptó ser el candidato del radicalismo en 1963 aunque no tuvo precisamente por ello una buena relación con Ricardo Balbín, presidente de la UCR. No pertenecía al unionismo ni al balbinismo. Era un hombre honrado y austero.

Difícil de atropellar y de convencer. Se le criticaba cierta lentitud en sus decisiones (el periodismo popularizó la imagen del presidente como “tortuga”), sin embargo era firme en adoptarlas y mantenerlas. El dilema en el que basó su gestión presidencial estuvo en el mismo punto de partida: la irregularidad del proceso que marginaba legalmente al peronismo que, a través de distintas expresiones, mantenía su peso en el Congreso.

No era un Poder Legislativo con el que la gestión radical pudiera contar como punto de apoyo a su gestión: no tenía mayoría en Diputados y agrupaciones de peronistas que adoptan nombres diferentes gobernaban casi la mitad de las provincias.

Si la debilidad política fue un rasgo, las decisiones como la de lograr la sanción de una ley de medicamentos que estrechó el campo de acción de los laboratorios (Arturo Oñativa, su ministro de Asistencia Social y Salud Pública, dejaría su nombre impreso a la norma) o la imposición del salario mínimo vital y móvil, le darían después justificación al cometido emprendido. Durante su gobierno también fueron anulados los contratos petroleros suscriptos en tiempos de Frondizi a los que consideró perjudiciales para el país.

Esto provocó algunas divergencias con Estados Unidos. Pero no fueron las únicas: Illia también se negó a enviar tropas para participar junto a los soldados estadounidenses que habían desembarcado en República Dominicana (contra el presidente Juan Bosch).

Illia tuvo pleitos profundos con las fuerzas sindicales que no dudaron en aplicar un plan de lucha -huelga con toma de fábricas- dispuesto por la CGT al comienzo de 1964, año que finalizaría con el frustrado Operativo Retorno de Juan Domingo Perón.

El entonces presidente escuchó a los gruesos contingentes que recibieron en octubre a Charles De Gaulle, que incluían a manifestantes que gritaban a su paso: “Perón, De Gaulle, un solo corazón”.

Una serie de conflictos castrenses llevaron al derrocamiento de Illia. A las 5 de la mañana del 28 de junio de 1966, el general Julio Alsogaray, hermano de Alvaro, entró a la Casa Rosada para anunciar la destitución del Presidente. Illia le respondió “Soy el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y usted un vulgar faccioso que usa sus armas y sus soldados desleales para violar la ley”.

Después de dos horas de discusiones, a las 7.25, tuvo que abandonar la Casa Rosada. Lo hacía con la misma calma con la que había llegado una mañana de sol de 1963. Rodeado por sus colaboradores bajó por la escalera hasta la planta baja, cruzó por la entrada y se dirigió a la calle, y como no disponía de vehículo porque lo vendió durante su presidencia abandonó el lugar en un taxi que lo llevó a la casa de su hermano en Martínez. Al día siguiente asumió el general Juan Carlos Onganía, autodenominando al golpe «Revolución Argentina».

En 1982, poco antes de morir, formó parte de la Multipartidaria, reunión de partidos para lograr la salida democrática frente a la crisis de la última dictadura militar.

Existe un amplio consenso en considerar a Illia un político ejemplar, por su honestidad y personalidad incorruptible. Tuvo una sola casa, sencilla y humilde, que fue el único bien inmueble con que se retiró como Presidente de la Nación, le fue donada por suscripción pública, con ayuda y por voluntad de los vecinos de Cruz del Eje, además de ser el único presidente de Argentina que no aceptó la jubilación de privilegio.

Sus restos descansan en el Panteón a los caídos en la Revolución de 1890 (conocido popularmente como Panteón Radical), del Cementerio de la Recoleta. En ese mausoleo, además de Illia, descansan Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen y Elpidio González, entre otros dirigentes de la Unión Cívica Radical.

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