Posteado por: Comunidad Politica | 20 septiembre, 2012

20 de Septiembre – Jose Gaspar Rodríguez de Francia

Nació en la ciudad de Asunción (Paraguay) el día 6 de enero de 1766 y falleció en la misma ciudad el 20 de septiembre de 1840. Es considerado como el ideólogo y principal dirigente político que llevó adelante la independencia del Paraguay de la corona española, de la Junta de Buenos Aires y del Brasil.

De familia de clase media, hijo de un inmigrante del Brasil, cursó sus estudios básicos en Asunción, y luego se trasladó a la Universidad de Córdoba, donde cursó Teología obteniendo el título de Doctor en Jurisprudencia y en Cánones. Fue también allí donde se introdujo en las lecturas prohibidas de la Enciclopedia Francesa.

Desde mucho antes de la revolución de mayo de 1811, el Dr. Francia mantenía contactos con algunos personajes de Asunción que abrigaban planes independentistas. Al conocerse oficialmente la noticia de la Revolución de Mayo en Buenos Aires, que exigía acatamiento a las intendencias subordinadas, el gobernador Bernardo de Velasco convocó una Junta General de los pueblos de la Intendencia del Paraguay, con cierto carácter de cabildo abierto. En la misma se decidió el Rechazo del Paraguay a la Junta de Buenos Aires; durante la reunión, Francia sostuvo la idea de proclamar inmediatamente la independencia del Paraguay tanto de España como del Río de la Plata, pero su moción no fue apoyada por ninguno de los demás asistentes.

Tuvo activa participación en la preparación de la revuelta de los días 14 y 15 de mayo de 1811, que llevarían de hecho a la Independencia del Paraguay. El detonante de la revolución fue la llegada del teniente lusobrasileño José Abreu, enviado del gobernador Diego de Souza, para negociar la asistencia militar portuguesa. En ausencia de Yegros, ideólogo inicial del movimiento, el Dr. Francia organizó las fuerzas políticas y militares que se pusieron en marcha.

El día 19 de junio se reunió un Congreso paraguayo que decidió la deposición de Velasco. En su lugar fue electa una Junta de Gobierno, presidida por el teniente coronel Fulgencio Yegros, como presidente y comandante general de armas, e integrada por los vocales Rodríguez de Francia, el capitán Pedro Juan Caballero, el sacerdote Francisco Javier Bogarin y Fernando de la Mora.

Francia, fue el encargado de negociar con Manuel Belgrano el Tratado confederal entre las juntas de Asunción y Buenos Aires, que afirmaría la paz entre ambos gobiernos, pero que no llevaría a la integración de sus territorios en un solo estado.

En virtud de dicho acuerdo, la Junta nombró a Francia diputado al Congreso General que debía reunirse en Buenos Aires. No obstante, ni Francia se incorporó al mismo, ni el planificado Congreso logró ser reunido hasta el año 1813.

A fines de enero de 1812, Francia presentó su renuncia a la Junta, permaneciendo alejado del mismo hasta el mes de noviembre. Ese mes fue nuevamente llamado a formar parte de la Junta, especialmente para dirigir las relaciones exteriores. En mayo del año siguiente, la Asamblea General Constituyente reunida en Buenos Aires envió a Asunción al diputado Nicolás de Herrera, con la misión de invitar a esa provincia a enviar su representante a la misma e incorporarse a las Provincias Unidas. Por iniciativa de Francia, la Junta respondió que se había citado un Congreso general paraguayo, y sería éste el que decidiría al respecto.

Francia se encargó cuidadosamente de la elección de los representantes de cada pueblo y villa del Paraguay, y de los de los barrios que rodeaban el centro de Asunción. De ese modo, logró un congreso eficazmente representativo de todas las clases sociales y también lo suficientemente inexperto como para que fuese fácilmente manejable por él. Además, pocas semanas antes del inicio de las sesiones del Congreso, Francia logró el desplazamiento de Fernando de la Mora de la Junta.

El Congreso se reunió finalmente el 30 de septiembre, y su primera medida fue rechazar al representante porteño, mandándosele responder que no se enviaría “ahora” al diputado exigido por la Asamblea. A continuación aceptó la renuncia presentada por Francia, al que se le pidió que redactara un plan de gobierno.

Doce días más tarde, Francia presentó al Congreso un Reglamento de Gobierno, que fue aprobado en el mismo día. Por el mismo se establecía un “Consulado”, formado por dos cónsules que durarían en su cargo un año, y se turnarían cada cuatro meses en la presidencia del gobierno colegiado.

Si bien la Independencia del Paraguay no fue declarada de forma explícita, a partir de la formación del Consulado se comenzó a abandonar el término “Provincia” para referirse al estado paraguayo, reemplazándose gradualmente este término por el de “República del Paraguay”. De hecho, la independencia absoluta del país sería mantenida sin oposición desde entonces, tanto respecto de España como de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Para ejercer el cargo de cónsules fueron elegidos el Dr. Francia y el coronel Fulgencio Yegros. El consulado fue ejercido por los dos cónsules alternativamente durante cuatro meses; Francia ocupó el primer y tercer turno, ocupándolo Yegros solamente durante el segundo, entre febrero y junio de 1814.

Excepto en lo militar, todo el peso del gobierno fue asumido por Francia. Incluso se le permitió a éste formar una fuerza militar similar a la que comandaba Yegros, con sus propios oficiales, y con la cual se repartieron los armamentos disponibles. De este modo, Francia relegó a Yegros a un segundo plano; también alejó a los oficiales partidarios de Yegros y Caballero de la capital, reuniendo en ella un ejército completamente adicto a su persona.

Durante el consulado se publicaron los primeros decretos que prohibían todo comentario u opinión contrario al gobierno. Los oponentes porteñistas fueron dispersados y suprimidos mediante maniobras políticas.

Durante el Consulado fue fundado en el norte del país el pueblo de Tevego, que sería luego utilizado como centro de reclusión de opositores.

En este ambiente se realizó el nuevo Congreso, que inauguró sus sesiones el 3 de octubre de 1814. Más aún que en la ocasión anterior, la enorme mayoría de sus diputados respondían al Dr. Francia, que fue elegido su presidente. Careciendo de una constitución o de leyes específicas, se decidió que el cargo sería ejercido provisionalmente por un dictador, con el espíritu absolutista y provisioria de los dictadores de la antigua Roma. Para el cargo fue electo Francia, con un mandato fijado en cuatro años, tras los cuales se debería reunir otro Congreso nacional y decidir sobre el sistema de gobierno.

A partir de ese momento, Francia impuso un sistema de férreo control del comercio exterior: aumentó los aranceles de importación y creó el monopolio estatal de la exportación de maderas y otros bienes. Por un tiempo se mantuvo relativamente libre la exportación de tabaco y yerba mate, pero las restricciones a la actividad portuaria fueron en aumento. En particular, se prohibió la exportacíón de moneda metálica, medida que complicó todas las operatorias de comercio exterior.

Se acentuó la persecución de los adversarios del régimen, especialmente a quienes eran considerados partidarios de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El clero fue nacionalizado con la eliminación del diezmo eclesiástico, y los curas párrocos pasaron a depender de un sueldo de empleados públicos; secularizó los bienes de la Iglesia Católica, pero no cambió demasiado la situación para los campesinos, que pasaron de arrendatarios de la Iglesia a arrendatarios del Estado.

Durante este período se construyeron escuelas en todo el país y se organizó la urbanización de la capital, con la apertura de nuevas calles.

Pese a que no se habían cumplido los cuatro años previstos en la ley de creación de la dictadura temporaria, Francia ordenó la reunión de un nuevo Congreso en 1816, que se reunió el 30 de mayo de 1816; cuarto Congreso paraguayo estaba formado por 250 diputados. En su primera y única sesión, se limitó a decidir por aclamación la instauración de Francia como Dictador Perpetuo de la República, de por vida. Se decidió también que el Congreso se reuniría cada vez que lo requiriera el Dictador. El resultado fue que no se volvería a reunir durante el resto de la vida del Dr. Francia.

La depuración de la administración pública fue total: cada soldado, maestro, cura o empleado público era enteramente leal al dictador, y sólo a él respondían. Sus órdenes eran dictadas verbalmente, o escritas con indicación de ser destruidas. Muy escasos documentos públicos quedaron de las más de dos décadas en que gobernó el Dr. Francia.

La educación pública de nivel primaria se hizo obligatoria y gratuita, y efectivamente se extendió a todos los niveles de la sociedad. Se priorizaban las operaciones básicas matemáticas y el saber leer y escribir, y los alumnos eran provistos de uniformes y útiles de escritura. Pero faltaban instituciones de educación superior: el único colegio secundario fue cerrado – con el objeto de evitar focos de pensamientos contrarios a su régimen de.

Luego de alejar uno a uno a los militares más encumbrados, el ejército no tenía otra cabeza que la suya: ejerció a la vez como ministro de guerra, instructor de tropas, comandante en jefe, juez supremo militar, director de la fábrica de armamentos. El Paraguay carecía de escuela militar, por lo tanto de oficiales de alto rango capacitados; en el ejército de su tiempo, nadie llegaría a mayor rango que el de capitán.

El sistema de información se extendía al exterior, consistía en una red de viajeros-espías, interrogatorio a viajeros que eran hechos prisioneros cuando llegaban a Paraguay y lectura de las gacetas “extrañas”. Recibía las gacetas extranjeras, estando bien informado del contenido de las mismas.

La dictadura de Gaspar Rodríguez de Francia mantuvo completamente aislado al país, así como también casi completamente falto de leyes o normas de cualquier tipo. No hubo sanción de una constitución, ni fue oficialmente sancionada la independencia. A la fecha del fallecimiento de Francia, en septiembre de 1840, el Paraguay era la única de las antiguas colonias españolas de América continental que no había proclamado formalmente su independencia. No obstante, su independencia de hecho, tanto política como cultural y económica, era más completa que en cualquiera de las otras ex colonias españolas.

Apenas asumido el mando perpetuo, Francia clausuró el puerto de Pilar, único que se mantenía en comunicación con las Provincias Unidas. El puerto de Asunción había sido gradualmente cerrado, y el de Itapúa, que permitía un escaso comercio con el Brasil, sería clausurado en 1818. A partir de ese momento, el aislamiento del Paraguay fue total.

Ninguna persona podía salir o entrar del país, siendo para tal cometido necesario un permiso especial del mismo Dictador. Y aún estando dentro de ella era necesaria la autorización del Supremo para transitar dentro del mismo. Los extranjeros que se introdujeran en el territorio del Paraguay de allí en adelante, como José Artigas a fines de 1820, o Aimé Bonpland al año siguiente, serían confinados de por vida en el interior del país.

Una muy limitada apertura comercial tuvo lugar a partir de 1823, con la reapertura de los puertos de Ñeembucú e Itapúa. El primero estaba dedicado al intercambio con las Provincias Unidas, pero el temor de los navegantes a las arbitariedades de Francia anuló los beneficios de la apertura. El segundo era el indicado para el intercambio con el Brasil, pero los avances de las autoridades correntinas sobre el territorio de la actual provincia de Misiones limitaron ese intercambio, ya de por sí muy oneroso. Los conflictos con Corrientes se agudizaron en la década de 1830; la respuesta de Francia fue defender la margen derecha del río Paraná, e impedir el establecimiento permanente de correntinos en la margen izquierda aguas arriba de la isla Apipé.

No había prensa, no se recibían periódicos del exterior y los pocos que llegaban eran para el Supremo, pedidos por él. Si la correspondencia al exterior inicialmente era rigurosamente controlada, ya luego de 1830 era nula.

Respecto a la iglesia, los sacerdotes tendrían que jurar fidelidad a la patria y a la independencia, no se permitieron procesiones sin el permiso del Dictador, ni el paseo del estandarte. La dependencia externa de la iglesia con otras congregaciones fue prohibida. Él se constituía como máxima autoridad de la iglesia y único capaz de designar a los ministros eclesiales.

Mantuvo siempre conflictos con el Brasil, debido a que estos hostilizaban el norte del territorio paraguayo, violando territorio que reclamaba el estado paraguayo, cometiendo abigeato y apoyando indígenas mbayás para tal cometido. Las reclamaciones límitrofes ante Brasil por parte de Paraguay en esa época eran las de los límites que tuviera el Virreinato del Río de la Plata: al noreste el río Igurey (el hoy llamado Ivinhema) al norte el río Corrientes o Mbotetey (el hoy llamado Miranda por los brasileños), al norte en la región chaqueña el río Yaurú.

Dos conspiraciones de gran evergadura para intentar derribar a Francia fueron descubiertas en 1820 y 1821. Unas 300 personas fueron arrestadas y engrilladas, y los bienes de muchos de ellos fueron confiscados. Varios de los acusados fueron sometidos a tortura, durante la cual acusaron a otros individuos, incluyento algunos evidentemente inocentes. Un total de 69 personas fueron ejecutadas, entre ellos Fulgencio Yegros y Fernando de la Mora; Pedro Juan Caballero escapó de la sentencia suicidándose. Muchas familias implicadas en la revuelta huyeron a las Provincias Unidas.

A partir de 1822, puso en marcha un ensayo autárquico a fin de hacer que el Paraguay se sustentara a sí mismo, vistos los bloqueos sucesivos de los ríos para el comercio por parte de las provincias argentinas. La economía se estatizó casi completamente, y la industria y artesanías locales alcanzaron niveles más altos que nunca, aunque limitadas a las necesidades del mercado interno.

El estado adquirió el control e intervino en toda actividad económica, reguló la distribución de la riqueza, impidió el enriquecimiento excesivo de particulares, el interés privado pasó a segundo plano. En la agricultura, se produjo lo que antes no se producía como trigo y algodón, cuyo cultivo fue obligatorio, se cultivó además yerba mate, arroz, maíz, legumbres, distribuido cada propietario una especie específica en un área fijada. De esta forma al Paraguay producía casi todo lo que necesitaba.

La ganadería, también controlada por el gobierno, mediante sus propias haciendas llamadas “Estancias de la Patria”, que eran arrendadas por un precio anual simbólico, a las personas que no poseían tierras, se fomentó la cría de ganado vacuno y equino.

La interrupción del comercio dio lugar a la pequeña industria, se fabricaban ponchos y mantas para caballos, que antes no se fabricaban en el país, además de uniformes y vestuarios, tacacos, cigarros, miel de abeja, cueros crudos, curtidos, etc. Se producían además drogas medicinales con hierbas y otras plantas. Existían además exportaciones de yerba mate a Chile, Perú y la Banda Oriental.

Las rentas del Estado se componían de impuestos internos, derechos aduaneros de importación y exportación, monopolios, variando muy poco respecto al sistema español. Renglón aparte ocupaban las multas y confiscaciones a los españoles que aportaban grandes ingresos. El derecho a las sucesiones vacantes de extranjeros también era implacable, permitiendo solo heredar los bienes a los hijos legítimos, aun dejando de lado al cónyuge. Se cuenta que españoles ricos tuvieron que ser enterrados por medio de colectas porque la incautación de bienes era inmediata y total. También monopolizo la venta de madera, y la salida al exterior del mismo solo se permitía por medio de trueque por armamento.

Los últimos años fueron tranquilos para el Doctor Francia: se conservaba la paz interior y se enorgullecía de haber eliminado el crimen, los delitos de todo tipo y la mendicidad. No obstante, esa paz interior estaba basada en el terror y la opresión.

La situación económica del país era fructifera, ya que en los últimos años fue constante la supresión de impuestos, legando además producto de su ensayo potenciales industrias y capacidad ganadera y agrícola. Algunos de sus asesores – Francia no tenía ministros – recomendaron la exportación de los excedentes, alegando el beneficio que se obtendría, pero el dictador consideraba que aún no se había extinguido la llama de la anarquía en las provincias argentinas; por su parte, la situación en el Brasil había empeorado por la guerra de los Farrapos, que buscaban independizarse del Imperio.

Falleció durante la mañana del 20 de septiembre de 1840. Su cuerpo fue velado y enterrado en las cercanías de la iglesia de la Encarnación.

Debido a las constantes manifestaciones de sus adherentes como sus contrarios, el gobierno provisional formado decidió retirar la columna que marcaba el sitio exacto del lugar donde se encontraban enterrados sus restos; a partir de ese momento no se volvería a saber de ellos. Existen varias teorías acerca de lo que ocurrió con su cuerpo, pero nunca se ha podido demostrar cuál es la verdadera.

El legado de Francia a sus sucesorres fue el de un país sólidamente independiente en lo político y económico, pero incapaz de evolucionar pacíficamente hacia la democracia o la integración económica con el exterior. Por esa razón, el gobierno de López, que se puede considerar su legítimo sucesor en lo político, mantendría el sistema absolutista sin modificaciones esenciales.

Tras casi un siglo en que su figura fue olvidada fuera de su país, Gaspar Rodríguez de Francia volvió a ser considerado un personaje de interés a partir de su inclusión como el personaje principal de la novela “Yo el supremo”, del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989.

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