Posteado por: Comunidad Politica | 13 diciembre, 2012

13 de Diciembre – Fusilamiento de Manuel Dorrego

 

Por orden de Juan Lavalle, es fusilado en Navarro (provincia de Buenos Aires) el militar y gobernador de la provincia de Buenos Aires Coronel Manuel Dorrego. Nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787 y luchó en las guerras de la Independencia.

Corríe el año 1827 cuando el presidente Rivadavia envió a negociar la paz con el Brasil a su ministro Manuel José García, indudablemente la persona menos indicada, al punto de haber sido quien había incitado al rey de Portugal a invadir la Provincia Oriental del Uruguay en 1816.

Como era de esperarse, negoció la paz a cambio de la entrega lisa y llana de la provincia al Imperio del Brasil, esto increíblemente transformaba las victorias militares argentinas en una victoria diplomática de Brasil. La indignación por el tratado, a pesar de que Rivadavia lo rechazó, llevó rápidamente a que renunciara.

Se disolvió el Congreso, se consideró caducada la presidencia, y se llamó a elecciones para una nueva legislatura porteña. Ésta nombró gobernador a Dorrego en agosto de 1827.

Pero la presión inglesa, ejercida directamente por el enviado lord John Ponsonby, representante de los intereses de la Corona Británica en Buenos Aires, e indirectamente a través del Banco de la Provincia, controlado por capitalistas ingleses, trabaron su accionar.

Por otro lado, las acciones directas de naves militares del Reino Unido y del Brasil sobre naves argentinas forzaron a Dorrego a aceptar una paz desventajosa. Ponsonby llegó hasta el punto de amenazar con una intervención militar si no se firmaba la paz con Brasil.

Si bien se mantuvo inflexible sobre la negativa a aceptar lo antes firmado por García, tuvo que aceptar la independencia de la provincia en disputa como Estado Oriental del Uruguay a través del tratado ratificado el 29 de septiembre de 1828. A principios de octubre las tropas argentinas establecidas en Río Grande partían de regreso.

Los unitarios esperaron su oportunidad, y ésta llegó con el ejército que volvía de haber combatido contra el Brasil, cuyos oficiales estaban abiertamente descontentos con el tratado de paz. El 1 de diciembre, el general Lavalle se puso al frente de una revolución y derrocó a Dorrego quien tuvo que retirarse a buscar refuerzos.

Dorrego buscó incorporarse al Regimiento 3 en las proximidades de Areco, al mando de su amigo el coronel Angel Pacheco. Pacheco efectivamente le dio asilo y se puso a sus órdenes, pero los comandantes Acha y Escribano amotinaron la tropa, apresaron a Dorrego y lo llevaron hacia la Capital. En el camino recibieron orden de cambiar de rumbo y conducir al prisionero al campamento de Navarro donde se hallaba Lavalle.

Dorrego pidió a Lavalle garantías para su persona y un salvoconducto para marchar al extranjero. Pero la logia unitaria había decidido que debía morir. Así se apuraron en recordárselo al general premiosas cartas escritas por los doctores para contrarrestar los pedidos de clemencia o un posible desfallecimiento de la voluntad. “Nada de medias tintas”, decía Juan Cruz Varela, mientras se regocijaba en El Pampero: “La gente baja ya no domina, y a la cocina se volverá”.

“Hay que cortar la primera cabeza de la hidra”, afirmaba Agüero. Salvador María del Carril, más categórico, refería: “Hablo del fusilamiento de Dorrego. Hemos estado de acuerdo antes de ahora. Ha llegado el momento de ejecutarlo. (…) Una revolución es un juego de azar donde se gana la vida de los vencidos”.

Enseguida le escribió una carta a Estanislao López y otra a su esposa – Ángela Baudrix –, en que les expresó: “dentro de unas horas seré fusilado y todavía no sé por qué razón.”

Sumaria y extrajudicialmente, Lavalle lo hizo fusilar en Navarro el 13 de diciembre de 1828.

Dorregó legó la mayor parte de sus bienes materiales al Estado y escribió a López que perdonaba a sus perseguidores y le pedía que su muerte no fuera causa de derramamiento de sangre. Eso es exactamente lo que fue, y por muchos años: en efecto, fue el comienzo de la guerra civil que duró hasta mucho después de la Batalla de Caseros.

Sus restos mortales descansan en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires. En la actual ciudad de Navarro se puede visitar el monumento construido sobre el solar donde fuera fusilado el Coronel Manuel Dorrego.

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