Posteado por: Comunidad Politica | 1 mayo, 2013

1º de Mayo – Día Internacional de los Trabajadores

En la segunda mitad del Siglo XIX, con el avance industrial, creció rápidamente la clase trabajadora. El gran desarrollo industrial produjo en general abusos de los capitales en detrimento de los salarios y condiciones de trabajo de los obreros, lo que produjo cada vez mayores enfrentamientos, agitaciones y luchas.

Los trabajadores fueron agrupándose en pequeñas organizaciones sindicales para defender sus derechos y lograr mejoras en sus condiciones de trabajo.

En noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV Congreso de la American Federation of Labor. En dicho Congreso se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligara al sector patronal estadounidense a respetar la jornada de ocho horas, y si no, se iría a la huelga, con mitines y concentraciones obreras.

Gracias a la incansable lucha del trabajador mecánico Ira Steward, en 1886, el Presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson había promulgado la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Pero esta Ley no se cumplió, entonces las organizaciones sindicales de los Estados Unidos comenzaron a luchar por su cumplimiento.

El 1º de mayo de 1886, los obreros unidos exclamaban: “A partir de hoy, sólo ocho horas diarias; ni una más”. Con la negativa de la patronal, los obreros, (350.000 trabajadores), organizados, paralizaron el país productivo, con más de cinco mil huelgas.

El resultado fue exitoso para la masa obrera menos en Chicago. El diario Chicago Tribune, según detallan las crónicas, publicó: «El plomo es la mejor alimentación de los huelguistas», y pedía para éstos prisión y trabajos forzados como «única solución posible a la cuestión social».

El caso de los trabajadores de la fábrica McCormik llevaba más de dos meses de agitaciones, con los patrones contratando rompehuelgas para desactivar el conflicto.

El 1º de mayo de 1886 el choque fue violento. Se congregaron más de 50.000 obreros frente a la McCormik y la manifestación fue reprimida, con un saldo de 6 muertos y numerosos heridos.

Se realizó un mitin en la Plaza Haymarket, donde los más destacados dirigentes sindicales harían uso de la palabra. En pleno acto, una bomba estalló cerca de las fuerzas policiales, muriendo seis agentes, lo que desató una represión feroz por parte de la policía, y arrojó un saldo trágico de 38 muertos y más de 115 heridos.

Como resultado los líderes huelguistas fueron llevados ante la justicia y juzgados en un bochornoso proceso judicial. Los jueces fueron nombrados de manera fraudulenta y finalmente la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos dictaminó que siete de los acusados fueran condenados a muerte en la horca. Ellos eran: Albert Parson, August Spies, Samuel Fielden, Michael Schawab, Adolph Fisher, Louis Lingg y George Engel.

Oscar Neebe, fue condenado a 15 años de prisión. Más adelante, a dos de los condenados a la horca, Fielden y Schawab, le conmutaron esta pena por prisión perpetua. El 11 de noviembre de 1887 fue la fecha de la ejecución de los que luego fueron llamados “mártires de Chicago”, entre ellos August Spies que a viva voz exclamó:

“Si creen que ahorcándonos pueden acabar con el movimiento obrero … el movimiento del cual los millones de oprimidos, los millones que trabajan en la miseria y la necesidad, esperan su salvación, si ésa es su opinión, ¡entonces pueden ahorcarnos! Porque aquí pisotean una chispa, pero allí y allá, detrás de ustedes, frente a ustedes, y por todas partes, las llamas surgirán. Es un fuego subterráneo que ya no podrán apagar”.

Después de realizarse el Congreso de la Internacional Socialista en julio de 1889 en París, se fijó el día 1º de mayo como día de ratificación de los derechos de los trabajadores y de reclamos contra las arbitrariedades sociales. Un año después, obreros de todo el mundo, manifestaron por primera vez el Día de los Trabajadores.

En 1891 vió la luz “Rerum novarum” (latín: ‘De las cosas nuevas’) la primera encíclica social de la Iglesia, publicada por el Papa León XIII, que fue un notable planteo sobre muchos asuntos derivados de la revolución industrial, el creciente problema obrero y las sociedades democráticas modernas. En 1954, bajo el papado de Pío XII, se declaró este día como festividad de San José obrero.

En Argentina, entre las leyes sociales, se pueden citar: la ley 4661 de descanso dominical; la ley 9688, que establece la obligación de indemnizar los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales aunque no medie culpa patronal; la ley 11.544, que limita la jornada laboral a 8 horas y la “Ley de despido”, que trata del preaviso y de las indemnizaciones correspondientes.

Los que hoy podemos gozar de los derechos que estos hombres y mujeres, y tantos otros ganaron al precio de su vida, les debemos en este día – y con nuestra vida – un justo homenaje.

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