Posteado por: Comunidad Politica | 22 junio, 2013

22 de Junio – Tomás Moro (Patrono de Políticos y Gobernantes)

Tomás Moro (Thomas More, en inglés), nace en la ciudad de Londres, el 7 de febrero de 1478. Fue abogado, pensador, teólogo, político, y poeta como todo humanista de su tiempo. Su obra más famosa es Utopía, donde busca relatar la organización de una sociedad ideal.

Miembro del Parlamento desde 1504, fue elegido juez y subprefecto en la ciudad de Londres. Con la llegada de Enrique VIII, protector del humanismo y de las ciencias, Moro entró al servicio del Rey y se convirtió en miembro de su Consejo Privado.

Moro viajó por Europa, y recibió la influencia de distintas universidades. Desde allí escribió un poema dedicado al rey, que acababa de tomar posesión de su trono. La obra llegó a manos del rey, que hizo llamarlo, naciendo a partir de entonces entre ambos una amistad.

Enrique VIII se sirvió de su diplomacia y tacto confiándole algunas misiones diplomáticas en países europeos; más tarde lo nombró para varios cargos menores (tesorero, etc.), y por fin Lord Canciller, en 1529. Fue el primer Canciller que no era religioso después de varios siglos.

Sin embargo, la decisión de Enrique VIII de separarse de la Iglesia de Roma que se basa en motivos políticos y económicos pero que encuentran su justificación en la necesidad de asegurar al trono de Inglaterra un heredero varón, – que su esposa, Catalina de Aragón, no puede darle – cambiarían el panorama político para Moro y su época.

Enrique VIII pretende que la Iglesia disuelva su matrimonio para así desposar a Ana Bolena. En 1530 hace firmar una carta de nobles y prelados solicitando al Papa la anulación del matrimonio real, pero Tomás Moro se niega a hacerlo. En 1534 se niega también a firmar el Acta de Supremacía que instauraba al rey como Jefe Supremo de la Iglesia en Inglaterra. El Acta establece la condena de quienes no la acepten y el 17 de abril del mismo año es encarcelado.

Moro se llama a silencio, pero esa actitud es particularmente estridente para el poder, no cuestiona la lealtad que le debe a su rey, pero considera que no está en su facultad convalidar un cisma ni proclamarse cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Ante esta situación en 1532 renuncia a su cargo de canciller.

Frente a su contemporáneo, el italiano Nicolás Maquiavelo que expresa: “Amo a mi ciudad más que a mi propia alma”, Moro se juega la vida por reivindicar la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente a las injerencias del poder político, aún frente a razones de Estado. El Estado no es superior al Hombre.

En 1535 fue enjuiciado por orden del rey Enrique VIII, acusado de alta traición por no prestar el juramento ni aceptar el Acta de Supremacía. Gracias a falsos testimonios Moro es procesado y declarado culpable.

Otros dirigentes europeos como el emperador Carlos V, que veía en él al mejor pensador del momento, presionaron para que se le perdonara la vida, y se la conmutara por cadena perpetua o destierro, pero no sirvió de nada. Permaneció en prisión hasta ser decapitado el 6 de julio de ese mismo año.

Tomás Moro no muere por un principio, una idea o una tradición, sino por ser coherente con su conciencia. Podría haber evitado la muerte, pero eso era adherir a un juramento que le repugnaba. Hacerlo hubiera significado perder su libertad auténtica y, por consiguiente, perderse a sí mismo. Sin esa libertad, las demás libertades sólo pueden ser cadenas, por muy delicadas y atractivas que parezcan.

De su vida y martirio brota un mensaje que habla a los hombres de todos los tiempos de la dignidad de la conciencia. En 1935 fue canonizado por la iglesia católica, quien lo considera un santo y un mártir, y en 2001 fue declarado Patrono de Políticos y Gobernantes.

En 2002 se transforma en el primer católico en ser “entronizado” por la Iglesia anglicana, un hecho sin precedentes. Tras un acto de reconciliación presidido por el príncipe de Gales, se coloca en la Iglesia de Chelsea, en Londres, el retrato de Moro realizado por Hans Holbein, pintor de la corte de Enrique VIII (foto adjunta).

Autor: Pablo A. Blanco (politólogo, UBA)

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